Vago por el abismo dentro de mí. Me hundo cada vez más profundo, no quiero salir, necesito estar allí, quiero estar allí, en medio de la inmensidad del azul del océano voy cayendo, suavemente, como acariciada por cada molécula de agua que me lleva hacia abajo, me acompaña. Y sigo, ya no respiro, mi corazón ha dejado de latir, solo veo el azul que me rodea, veo la nada misma azulada. No me siento ajena, soy luzazul, soy etérea y potente. El océano, mi casa, mi océano infinito que se esconde en mi alma. Sus aguas hoy están calmas para dejarme sumergirme en él. Cuando llegue al fondo, se agitará y se elevará en altas olas revolviendo todo, se abatirá sobre todos, comerá y vomitará, explotará en su espuma blanca, se elevará, se retirará de las costas mojadas, y yo ahí en el fondo, viendo su bravura recostada en mi almohada de algas, relajada... Su tempestad es mi calma.