Aborratada de cosas rodeada de columnas de armarios, escritorios, papeles y maquinas, se sentía perdida entre tanto gris. Las personas que la rodeaban eran como robots y tampoco la percibian. Ella se sentia distinta, era invisible. Crick, crack, crick, crack, era el ruido constante en su entorno y en su cabeza, pero mas allá de su overol azul donde escondia su ser, su mente de vez en cuando volaba alucinando cosas imposibles para esa realidad gris que la acompañaba. Soñaba en colores, texturas, aromas y gustos intensos, queria embriagarse de sensaciones. Siempre que caminaba hacia su puesto cotidiano monocromático, trataba de pasar desapercibida con su jarrito de lata lleno de café. Un día algo cambió, de repente alguien la chocó, no la había visto. Se disculpó por lo estúpida que era y en ese entonces cuando elevó sus ojos para mirarlo algo pasó algo, él no era un robot, mas allá de su overol azul, sus ojos se veían vivos, eso la emocionó y salió corriendo. El, que ni siquiera ati...