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Escritos 3

Ella hace rato que se lo viene cruzando, habían dejado de verse hace un par de años.
Un día volviendo de su atellier se lo cruzó al entrar en la estación. En ese entones fue:  -Hola! Que haces por acá?- dijo ella, -¿como estas?-. El iba a trabajar y la saludó de la misma manera, estaba llegando tarde, así que ahí nomas quedó todo. Simplemente dos desconocidos que se encuentran en la revuelta de la tarde.
Pasaron semanas y en la esquina de su local cuando ella lo cerraba lo vio venir:
-Hola, ¿ que haces por acá? Ella le preguntó
-Trabajo en el tercero, cuido sueños.-
- Ah! Mira vos... nunca te había visto.-
-Si hace poco tiempo que estoy, los vigilo de noche, para que no se pierdan.-
-Oh, bien!, nos veremos otro día- y ella se aleja caminando. 
Pasó el tiempo, se cruzaban de vez en cuando. Solo eran 10 o 5 minutos en los cuales se contaban algunas cosas.
Ella pintaba cielos según como le decía el sol, pero su carne la dejaba en un mundo terrenal.
El era mitad aire, mitad fuego, cuidaba sueños. Los cuidaba para que no se escapen, a veces son un poco escurridizos y otras veces, se olvidan quienes son.
Un día ella le pidió que le cuidara uno muy especial. Un cielo que había imaginado sola y que no quería olvidar nunca. Así que se encontró con el para dárselo. Cuando el la ve, su aire se volvió juguetón y recorrió sus mejillas, pero el fuego no olvida que es parte del sol así que sin poder controlarlo y solo por impulso, lo quemó.
El no tenia explicaciones, lo intento pero sirvió de nada. Trato de recomponerlo.
Ella no podía entenderlo, lo miró, cerró sus ojos y le dijo adiós.

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