Y estoy en el tren, y me encuentro abstraída de la situación, observando un punto y flotando en esa sensación de donde no hay nada, donde el presente continuo hace esbozos de apariencia y esos dos segundos de felicidad se convierten en un no tiempo inimaginable de contar. De repente escucho ese sonido del tren en movimiento. Ese sonido único en este momento pero tan familiar; que es incalculable las veces que lo escuché desde que me subí por primera vez. Los días y las veces por día en que me subía en él... Por eso tan familiar y tan único.
Desde que lo escuché por primera vez al llegar de bebé a mi pieza y escuchar cuando pasaba por enfrente de mi puerta.
De tanto que lo escuché lo dejaba de escuchar sin darme cuenta hasta que volví a escucharlo con atención.
Y ahora yendo en el y sintiendo los movimientos del recorrido que no cambia nunca siempre esta igual y como chillan sus vagones y sus ruedas que ruedan sobre los rieles.
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