Te miro, recorro tu cuerpo y observo expectante, callada, a la espera de la nada misma, eclosionada. Cada punto de tu anatomía invade mis sentidos, me estimula y excita llamando a la mujer primitiva. La sangre galopa con fuerza, el corazón se acelera y el ritmo se hace cada vez más profundo e intenso. La piel, hipersensible, conecta a velocidad luz las sensaciones del roce eléctrico con tu cuerpo y golpean mi cerebro. Mi cuerpo se arquea ondulándose como olas de océano embravecido llamado por la tormenta que provoca cada vez que estas adentro mío. Vibra mi alma en estallidos que me llevan a otra dimensión, dejo de respirar, estoy en otro mundo. Mis piernas te rodean, te atan a mi cuerpo, me acerco a tu cuello, te huelo, mi boca quiere disolverte. Me entrego a tus labios, a tus manos, que como si me hubiesen moldeado, conocen cada rincón del placer. Un rayo atraviesa mi espalda, sube por mi espina dorsal e invade todo el cuerpo, la explosión inevitable, de un estallid...